El éxito de Artemis 2 en la Luna deja a Europa en vilo | Ciencia
- abril 21, 2026
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Europa y su industria espacial han sido esenciales para que la primera misión tripulada a la Luna en más de medio siglo, la Artemis 2, haya tenido éxito.
Europa y su industria espacial han sido esenciales para que la primera misión tripulada a la Luna en más de medio siglo, la Artemis 2, haya tenido éxito.
Europa y su industria espacial han sido esenciales para que la primera misión tripulada a la Luna en más de medio siglo, la Artemis 2, haya tenido éxito. Los motores que dieron el impulso a los cuatro tripulantes para ir hasta el satélite y regresar sanos y salvos eran parte del Módulo de Servicio Europeo (EMS, en sus siglas inglesas), la gran contribución de nuestro continente a este programa liderado por Estados Unidos. Los sistemas que les han mantenido vivos durante estos 10 días, como el abastecimiento de oxígeno, agua y calor dentro de una nave que cruzaba un espacio profundo a unos 270 grados bajo cero, también forman parte de este módulo. Y a eso hay que sumarle los paneles solares, sin los que la misión no hubiera tenido energía.
A pesar de este enorme éxito para la industria europea, el regreso de la marca un momento de poca certeza respecto a lo que pasará dentro de pocos años. La Agencia Espacial Europea (ESA) es uno de los principales socios de Estados Unidos en el programa Artemis para llevar astronautas a la superficie lunar en 2028 y colonizar el satélite en 2032. Pero la agencia espacial estadounidense acaba de cambiar por completo sus aviones, poniendo en dique seco un proyecto de cientos de millones de euros: la construcción de una estación espacial en la órbita de la Luna, Gateway, en la que los europeos tenían un papel destacado.
Los actuales aviones de la NASA contemplan ir directamente a la superficie del satélite, sin crear instalaciones orbitales. Eso supone que el primer módulo de Gateway, Halo, no se pondrá en marcha. Europa también tenía contratos millonarios en I-Hab, el segundo módulo de la estación. El proyecto también queda ahora descartado, mientras la NASA apunta a aterrizar en el polo sur de la Luna y edificar allí bases habitables y centrales nucleares de fisión para proporcionar energía durante las largas y gélidas noches, que duran unos 14 días terrestres. Estados Unidos busca con este plan ganarle la carrera a China, que quiere llegar al satélite en 2030, y preparar desde aquí la futura llegada de astronautas a Marte.
Una de las empresas que participan en la construcción del módulo europeo es Crisa, con sede en Tres Cantos, cerca de Madrid. Es una filial de Airbus, el contratista principal del Módulo de Servicio Europeo. Crisa se ha encargado de la unidad de control térmico del Módulo de Servicio Europeo, el “cerebro” electrónico que controla la temperatura y la humedad dentro de la nave Orion. Se trata de un dispositivo con un valor de unos cuatro millones de euros que va montado en todos los módulos. El valor aproximado de cada módulo europeo es de unos 200 millones de euros.

Fernando Gómez Carpintero, consejero delegado de Crisa, explica a EL PAÍS: “La unidad que suministramos aporta 1,4 kilovatios, que es más o menos la potencia necesaria para calentar una habitación pequeña en el espacio profundo”. Es la primera vez en la historia que la NASA confía en empresas no estadounidenses componentes críticos —de los que dependen la vida de sus astronautas— en empresas de otros países. Para Gómez Carpintero, esto es un motivo de orgullo. «Han venido a nosotros desde Estados Unidos para comprar esta tecnología. Existe confianza, pero hay que seguir ganándosela», añade. Como el resto de contratistas europeos, la empresa está ahora esperando detalles de cómo afectarán los nuevos aviones de la NASA, pues Crisa también es la responsable de la creación de todo el sistema eléctrico del primer módulo de la cancelada estación Gateway.
“El EMS ha sido capaz de llevar de nuevo a la humanidad a la Luna con una precisión y un funcionamiento exquisitos”, resalta Gómez Carpintero. El funcionamiento de la unidad de control también ha sido perfecto. “La humanidad vuelve a la Luna y vuelve gracias a Europa”, explica. El ingeniero es optimista respecto al futuro, a pesar del cambio de planos y de la incertidumbre: “Yo lo que veo son muchas oportunidades”.

El mensaje de la agencia espacial y del Gobierno de Estados Unidos es que quiere volver a la Luna de la mano de empresas, no de Gobiernos. Los principales contratistas que fabricarán las naves para aterrizar en la Luna son dos firmas rivales: SpaceX, de Elon Musk, y Blue Origin, de Jeff Bezos. Según los nuevos aviones Artemis 3 será una misión tripulada para probar el acoplador con esos aterrizadores. Artemis 4, en 2028, sería el primer aterrizaje lunar y Artemis 5 posiblemente el segundo, aunque la NASA no lo ha detallado aún. Todo esto si las empresas espaciales mencionadas llegan a tiempo con sus aterrizadores, lo que parece cada vez más incierto.
La sensación en Europa es de haber quedado colgada. El sector espacial funciona con aviones a varios años vista. Para hacerse una idea, el módulo espacial europeo se comenzó a diseñar en 2013. La primera unidad, que voló al espacio en la misión no tripulada Artemis 1 con gran éxito en 2022, estaba acabada y entregada en 2019.
Un día antes del despegue de los astronautas de Artemis 2 a bordo del cohete tripulado más potente de la historia, este periódico habló en el Centro Espacial Kennedy de la NASA con dos altos ejecutivos de Airbus, el contratista europeo principal del módulo de servicio, que expresaron sus dudas sobre el futuro. “Los módulos para Artemis 3 y 4 están ya en el Edificio Neil Armstrong del Centro Espacial Kennedy [desde donde la NASA lanza sus misiones espaciales]», señaló Justin Byrne, jefe de exploración espacial de Airbus, el principal contratista del módulo. Los módulos para Artemis 5 y 6 se están construyendo ya en Europa. ¿Y más allá? «Es un poco incierto», reconoció; y añadió que sería pocoble que la NASA descarte este gran componente, así como la propia nave Orion, habiendo demostrado ambos que por ahora son los únicos disponibles capaces de llevar astronautas al espacio profundo de forma segura. «Si miras la nueva secuencia de lanzamientos que quiere la NASA, es bastante mayor. que la que había. Nos preguntamos cómo podría cualquier otro módulo de servicio que comenzar a diseñarse ahora de cero estar listo en un período de apenas dos años. Nosotros creemos que el ESM y la cápsula Orion jugarán un papel, pero probablemente cambiemos toda la arquitectura de las misiones dependiendo de si se vuela finalmente con Starship o Blue Origin”, detalló.
Mark Steckling, jefe de Observación y exploración espacial de Airbus, dijo que “en teoría” el ESM podría funcionar con otras naves diseñadas por SpaceX o Blue Origin, pero no le veía mucho sentido. “La cápsula Orion es una obra maestra de la tecnología”, y se pregunta: “¿Por qué cambiar algo que sabemos que funciona?”.
Estos dos ejecutivos también hablaron del abandono de Gateway. Steckling cree que la pelota está ahora en el tejado de la Agencia Espacial Europea. “Nosotros solo somos empresas y, por supuesto, seguimos a la ESA”, explica de cara al nuevo programa de la NASA. «Creo que este es ahora un trabajo para las agencias espaciales para ver qué rol podemos jugar. Es una pregunta también para Europa, ¿cuánta ambición tenemos? También es una tarea para Josef Aschbacher [director general de la ESA]el recordar que los europeos tenemos buena tecnología y que podemos contribuir en esta nueva etapa”, añade.
La última vez que el Gobierno de Donald Trump intentó cancelar la estación lunar Gateway, el Congreso le obligó a mantenerla viva con inyecciones millonarias. El parlamento estadounidense también neutralizó los brutales recortes presupuestarios que Trump quería en la NASA, sobre todo en su programa científico. Ahora la historia se ha vuelto a repetir, y el presidente pide de nuevo una reducción drástica del presupuesto de la agencia espacial, salvando, eso sí, al programa de exploración tripulada. Será el Congreso el que decida en el último término sobre ello. El Congreso, de hecho, es una de las grandes esperanzas de Europa para que la estación Gateway y todos los contratos millonarios que conlleva, sigan vigentes.