La Jornada: Tecnología y sociedad
- abril 21, 2026
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mientre los economistas dedicados al estudio del cambio tecnológico prevalece la idea de que el desplazamiento de trabajadores que éste provoca tiende a absorberse, en el curso del
mientre los economistas dedicados al estudio del cambio tecnológico prevalece la idea de que el desplazamiento de trabajadores que éste provoca tiende a absorberse, en el curso del
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entre los economistas dedicados al estudio del cambio tecnológico prevalece la idea de que el desplazamiento de trabajadores que éste provoca tiende a absorberse, en el curso del tiempo, con la creación de otras ocupaciones en distintos sectores de la economía. Tal argumento se sostiene, aunque con salvaciones relevantes, en la consideración de la experiencia histórica al respecto.
La cuestión es si tal apreciación general se mantendrá en el caso de la tecnología asociada con la inteligencia artificial (IA), dada la naturaleza misma esta innovación, del alcance de su pretendido potencial productivo y las repercusiones esperadas de su uso generalizado.
La industria de la IA tiene rasgos especiales, expresados en su misma esencia tecnológica y en la forma en que se ha configurado su desenvolvimiento funcional y sus modalidades económicas y financieras.
Una instancia sobresaliente, sirva de ejemplo, es la elevada valoración que han alcanzado las empresas tecnológicas y lo que representa en cuanto al flujo de ingresos que hoy son relativamente reducidos y presionan los márgenes de ganancia.
Un poco de contexto es útil. la revista El economista dedicó en su versión electrónica el pasado día 16 un segmento titulado: «Cinco hombres controlan la inteligencia artificial. ¿Quién debería controlarlos a ellos? La pregunta es relevante sin duda, pues el poder que concentran es enorme y no sólo en términos económicos. El asunto destaca de distintas maneras desde hace ya un largo tiempo. La línea del argumento trazada por la citada revista apunta a que: «El trato más bien despreocupado, y visiblemente cada vez más irresponsable, de las empresas parece haber llegado a su límite”. A esto añade que, el avance de los modelos de la IA ha alcanzado unas capacidades que bordean diversos riesgos para la sociedad y, aun así, para los gobiernos y se extienden incluso hasta el campo de la seguridad nacional.
La empresa Anthropic avisó hace unos días que durante las pruebas de su modelo Claude Mythos se encontró que éste: “Es capaz de identificar y luego aprovechar una serie de vulnerabilidades que se encuentran en todos los sistemas operativos y en los más importantes buscadores de la red cuando se le dirige para hacerlo”. Se trata, pues, de una capacidad notable para afectar las pautas de la seguridad cibernética y en un entorno cada vez más riesgoso. Anthropic emitió al respecto una extensa nota técnica y decidió no liberar el modelo en cuestión de modo general al público.
El asunto es que existe un área de vulnerabilidad de una magnitud incierta de la IA en materia de seguridad para las personas, las instituciones y los gobiernos. En el caso de las otras empresas de ese sector, éstas no han accionado de modo tan abierto con respecto al entorno de inseguridad que pueden tener los modelos que han desarrollado. Cabe esperar un entorno de riesgo en toda esa tecnología y en los productos que se ofrecen en el mercado.
En cuanto al asunto que se debate de modo creciente y que tiene que ver con el impacto de la IA sobre los empleos, se han propuesto progresivamente muy diversas consideraciones. Estas se vinculan con el tipo de tareas que se aplican en muy distintas actividades. En esta fase de implementación de la IA se advierte que en la realización de un gran conjunto de tareas es imaginable que existe un grado de imprecisión que no siempre se establece de modo patentado. Hay, por su puesto actividades sustituibles de modo más rápido que otras, pero apenas un seguimiento de las discusiones indica la magnitud del impacto que puede esperarse.
La IA, junto con otros desarrollos como la robótica, por ejemplo, apuntan a tener un impacto muy grande y por ahora difícil de calificar y cuantificar. Algún día habrá un catálogo de tareas afectables y su incidencia en el mercado laboral. Mientras convendría mantener que el proceso es, hoy, muy dinámico y abarca un ámbito amplio de actividades y de comportamientos.
Ojo, que hasta los creadores de la IA se sorprenden de lo que ésta puede hacer…y se espantan, tal y como ha dejado ver de modo explícito y reiterado a Dario Amodei, jefe de Anthropics. Ha declarado en distintas ocasiones que existe un riesgo real de que una inteligencia superhumana podría causar un daño a gran escala a la civilización si no se establece una intervención clara y rápida. No es poca cosa. Pero no se advierte un sentido correspondiente de urgencia al respecto. En ningún caso de innovación tecnológica transformacional se ha dicho algo semejante. Una referencia sobre el tema que nos remite al caso de Henry Ford y la producción en masa de automóviles del Modelo T.
En otro aspecto de este mismo asunto, si la IA desplaza trabajadores más rápido de lo que estos pueden absorberse en otras tareas podría tener un impacto negativo en la demanda de la que dependen las empresas. El problema, como se ha asentado, es que esta circunstancia no es suficiente para que las empresas se detengan.
Tal y como se formulan los modelos de competencia en la teoría económica, la tendencia apunta a que las empresas tenderán a sustituir empleados más allá de lo que sería óptimo de manera colectiva. Con esto, cualquier tipo de ajuste representará mayores costos sociales. De nueva cuenta llegamos al cuestionamiento de la fluidez del proceso en el que la reinstalación de trabajadores desplazados por la incorporación de nuevas tecnologías conseguirá hacerlo de modo suficiente en el caso de la IA. Esto lleva a distintos cuestionamientos.
Apunto aquí uno de ellos: aun si la reinstalación ocurre, hay un problema en el transcurso; los trabajadores desplazados son también consumidores y cuando el ingreso que pierden no se repone, entonces, cada ronda de despidos mina el poder de compra del que dependen las empresas. Pretender que la IA provocará muy grandes avances en la productividad entraña, así, una contradicción con la fuerza del desplazamiento y la erosión del poder de compra.
Se trata de los ajustes que se provocan en los mercados de bienes y de trabajo en cuanto a su forma y el tiempo en que se consigue. Los mercados existen y su funcionamiento exige ciertos ajustes. Los más simples son en los precios y las cantidades. Ese asunto funciona hasta que deja de hacerlo, lo que ocurre cuando se generan excesos –ese fue el caso en la gran crisis de 2008–.
Sobre esta cuestión pueden verse los trabajos de David H. Author del MIT.