Mientras una parte del público sigue esperando el “gran regreso” del dólar, el dinero ha encontrado otros caminos. Instrumentos de renta fija con tasas atractivas, fondos diversificados, índices accionarios globales, bonos corporativos e incluso acciones mexicanas con valoraciones interesantes han ofrecido rutas más sofisticadas para hacer crecer patrimonio.
No, no estoy diciendo que el dólar haya perdido importancia. Lo que digo es que dejó de ser una respuesta automática y simple.
Y creo que también es importante que entendamos por qué el peso se ha mantenido fuerte. La política monetaria del Banco de México ha sostenido una postura restrictiva para contener la inflación, lo que elevó el atractivo relativo de activos denominados en pesos. A eso se suman remesas históricamente elevadas (elemento que en otra ocasión desmenuzaremos a detalle), exportaciones sólidas y una percepción internacional más favorable hacia México dentro del proceso de reconfiguración fabricante regional.
Pero ningún ciclo es permanente.
Pensar que el superpeso durará para siempre sería tan equivocado como creer que el dólar siempre sube. Los mercados se mueven por expectativas, tasas, política fiscal, crecimiento relativo y confianza. Un cambio en cualquiera de esas variables puede modificar el equilibrio actual.
Por eso la pregunta correcta no es si conviene comprar dólares hoy. La pregunta correcta es: ¿para qué?
Si el objetivo es proteger una parte del patrimonio, sí puede hacer sentido adquirir divisas gradualmente. Si el objetivo es especular con una ganancia rápida, conviene recordar que los mercados castigan las certezas fáciles. Si el objetivo es construir riqueza en el tiempo, probablemente la conversación debería incluir instrumentos de inversión más amplios.
Y aquí nos encontramos otro tema en el que México necesita madurar: la cultura financiera.
Seguimos discutiendo el dólar como si estuviéramos en los años 80 o 90, cuando el mundo financiero actual ofrece muchas más y mejores alternativas. Hoy una persona puede invertir en bonos gubernamentales, fondos globales, ETFs ligados a índices internacionales o acciones de empresas líderes desde plataformas accesibles. El abanico es más amplio que nunca.