April 20, 2026
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Usos y percepciones sobre la Inteligencia Artificial o la paradoja de las universidades

  • abril 20, 2026
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Sobre los beneficios cognitivos Y es que, cada vez más, la IAG se percibe como un recurso que incide directamente en los procesos pedagógicos, lo que plantea nuevos

Usos y percepciones sobre la Inteligencia Artificial o la paradoja de las universidades

Sobre los beneficios cognitivos

Y es que, cada vez más, la IAG se percibe como un recurso que incide directamente en los procesos pedagógicos, lo que plantea nuevos desafíos para la enseñanza. El 79% de los docentes y el 82,3% de los estudiantes consideran que es una herramienta útil para tareas de alta demanda intelectual, tales como analizar, razonar, reflexionar, crear e imaginar.

Pero, frente a este entusiasmo por la utilidad de la IA, desde una perspectiva crítica emergen los peligros de delegar el pensamiento en la máquina. Entre ellos, están la erosión de habilidades fundamentales como la comprensión lectora profunda y la memorización significativa, un cambio de búsquedas fragmentarias y superficiales. O una «falsa sensación de dominio intelectual», donde el usuario cree poseer un conocimiento solo porque la IA generó un resultado plausible. O lo que se conoce como “pedagogía de la inmediata”, es decir, la facilidad de obtener respuestas automáticas, lo que podría fomentar una cultura del «corta y pega, en lugar de la gestión autónoma del conocimiento.

Es verdad que la percepción de utilidad es un motor de cambio, pero la IAG solo funcionará como un verdadero recurso para el pensamiento complejo si se utiliza para ampliar la capacidad humana de razonar y no para reemplazarla. El desafío educativo radica en integrar la tecnología preservando el rigor y la autonomía crítica del sujeto. En este nuevo ecosistema, la tecnología debe servir a la inteligencia humana, no mecanizarla.

En ese sentido, recuperar el valor de las humanidades es también el gran desafío. Mientras la IA automatiza tareas cognitivas y genera respuestas preprogramadas, las humanidades desarrollan capacidades que la tecnología no posee: el juicio ético, el pensamiento crítico y la comprensión profunda de los contextos humanos. En la era de la IA, no basta con saber usar las herramientas, es indispensable saber cuestionarlas.

Las humanidades permiten que el estudiante no acepte de forma pasiva las respuestas de una máquina, sino que desarrolle un juicio crítico frente a los sesgos y errores de la IA. Y el papel de estas disciplinas debe ser transversal; incorporarse incluso en carreras de ingeniería o tecnologías. Esto garantiza que cualquier profesional, independientemente de su campo, tenga la formación en ética y análisis crítico necesarios para manejar herramientas que impactan a las personas y la sociedad en la que se desenvuelven.