Familia, cartas, enfermedades: el lado personal de Charles Darwin
- abril 17, 2026
- 0
“Cuando Darwin se subió al Beagle no tenía ni idea de qué era la evolución y cuando se bajó tampoco”, enfatiza el doctor Juan Manuel Rodríguez Casoprofesor de
“Cuando Darwin se subió al Beagle no tenía ni idea de qué era la evolución y cuando se bajó tampoco”, enfatiza el doctor Juan Manuel Rodríguez Casoprofesor de
“Cuando Darwin se subió al Beagle no tenía ni idea de qué era la evolución y cuando se bajó tampoco”, enfatiza el doctor Juan Manuel Rodríguez Casoprofesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Sin embargo, según sus diarios, se hacía preguntas relacionadas con las diferencias que notaba entre la flora y la fauna de Sudamérica y de Europa. A pesar de estas inquietudes, no es sino hasta dos años después que bajó del Beagle y que empezó a conformar sus ideas evolutivas.
“Oficialmente podríamos casi ponerle fecha y casi todos asumimos que el cambio de idea en Darwin de decir: las especies no cambian, a las especies sí cambian, sí hay un proceso de cambio que va a ir haciéndose más fino con el paso del tiempoes en algún punto entre septiembre y octubre de 1837”, ubica el doctor Rodríguez Caso.
Esta idea, que revolucionó la historia natural, ha trascendido incluso la propia Biología, fue adoptada por otras disciplinas, ha generado discusiones a nivel político y filosófico, y ha estado en el centro de disputas históricas enfocadas entre el evolucionismo y el creacionismo.
Carlos Darwin fue un personaje que estuvo presente en las discusiones sobre la biología del siglo XIX; en la actualidad los cursos de historia de la Biología están centrados en sus descubrimientos y su teoría de la evolución por selección natural sigue siendo un referente en las aulas y la academia.

Todo lo anterior no ha impedido que alrededor del naturalista británico se hayan generado varios mitos, por ejemplo, sobre el viaje que realizó en el Beagle, sobre la publicación de El origen de las especies.sobre las enfermedades que padeció. Por ello, una perspectiva importante para estudiarlo en la actualidad es conocer a la persona, más allá de los mitos que se han construido alrededor de él.
“Uno de los grandes retos que tenemos ahora es ver a ese Darwin más humano, entender su contexto, que eso es muy importante, creo que a muchos les cuesta entender a la gente del siglo XIX, que tiene otras ideas, otras modas, y Darwin era parte de otras lógicas”, explica el doctor Rodríguez.
Carlos Darwin Nació el 12 de febrero de 1809 en la ciudad de Shrewsbury en Inglaterra. Vivió la mayor parte de su vida durante el período Victoriano, es decir, la época en la que la reina Victoria I estuvo al frente del Imperio Británico.
Durante este período hubo un esplendor en varias áreas, por ejemplo, las disciplinas científicas y algunas universidades tuvieron un gran desarrollo. Sin embargo, también se caracterizó por ser muy religioso y conservador en varios niveles de la sociedad.
“Y Darwin fue parte de eso, podemos ubicarlo como un personaje muy victoriano en muchos sentidos, porque no fue un rebelde en el sentido social, al final era de una familia acomodada, que tenía los recursos suficientes para vivir cómodamente y poder dedicarse durante muchos años a la labor de investigación, de escritura, sin tener preocupaciones mayores, y hasta cierto punto eso es parte también de su realidad”.
Él estuvo muy en contacto con los naturalistas de su época y en su juventud asistió a las reuniones científicas y formó parte de la Real Sociedad Geológica, la Real Sociedad Geográfica y la Asociación Británica por el Avance de la Ciencia, entre otras.
Después de navegar en el Beagle se casó con su prima, Emma Wedgwood, con quien tuvo 10 hijos, lo cual generó que su dinámica familiar fuera más compleja, además de que estaba enferma y no salía mucho de casa.
Mantuvo correspondencia con distintas personas en el mundo, y son justamente sus cartas las que nos permiten conocer la vida y obra de Darwin. Se escribía con sus amigos, su esposa, su sobrina, su hija, otros familiares, personas que no conocía, pero que le escribían para consultarle algo, médicos o incluso con algunos científicos de otros países.
De estos intercambios, se conservan más de 15 mil cartas que pueden encontrarse en la página de https://darwinproject.ac.ukun proyecto que se realizó de manera conjunta entre la Universidad de Cambridge y la Universidad de Harvard, las cuales durante casi tres décadas se encargaron de digitalizar y de transcribir todo el material.
“Es un mundo interesantísimo, porque ves a un Darwin más humano y habla de sus problemas económicos, de sus días buenos y malos con la familia, con los niños, de cuando fallece una de sus hijas, la que se presume que era la que más quería, Annie, como a los 10 años”.
Asimismo, se ha hablado mucho de la enfermedad que padeció y que lo permaneció en su casa prácticamente sin salir. Algunos dicen que tenía enfermedades psicosomáticas o que incluso contrajo el mal de Chagas durante sus viajes en el Beagle, en Sudamérica.
Por su correspondencia se sabe que acudía constantemente a baños termales y justo es a través de un análisis de sus cartas que Mike Dixon (médico) y Gregory Radick (profesor en historia de la ciencia) concluyen en el libro. Darwin en Ilkley que padecía intolerancia a la lactosa.
“Hay mucha gente que no le encanta esta idea y eso me parece que es parte de la humanización necesaria que a veces debemos de tener de Darwin, porque no es nada del otro mundo, y que explica varias de las actitudes que él tenía”.
Una de las imágenes más icónicas relacionadas con Darwin es un dibujo hallado en una de sus libretas sobre lo que se considera el primer árbol evolutivo, el cual se cree que fue conceptualizado por el naturalista entre septiembre y octubre de 1837.
Es el primer esquema que le sirvió para explicar los puntos de origen y la diversidad de la vida. “Se suele decir que a partir de aquí es que Darwin es cuando se convence de que existe algo que se llama evolución”.
A pesar de que en esta fecha empezó a plantearse la idea de la evolución, no fue sino hasta 20 años después, en 1859, que publicó el libro. El origen de las especies..
Se cuenta que mientras Darwin estaba enfocado en escribir lo que posteriormente sería la base del libro. La variación de animales y plantas en estado doméstico.recibió una carta a principios de junio de 1858 de un joven llamado Alfred Russel Wallace, en donde le comenta sobre un trabajo que ha estado realizando en el archipiélago malayo (actualmente parte de Indonesia) y en donde teoriza sobre la evolución.
Sus ideas causaron una conmoción en Darwin, quien a partir de esta carta se dio cuenta de que el joven Wallace también llegó a las mismas conclusiones que él.
«Darwin le da la carta a su amigo, el geólogo Charles Lyell y éste se la pasa al botánico Joseph Hooker. Ahí es donde empieza esta historia de lo que se suele llamar el acuerdo entre caballeros –que no es un acuerdo, porque nunca tuvo la anuencia de Wallace, quien estaba del otro lado del mundo–, lo que terminaron por hacer es decir: vamos a darles el crédito a ambos».
Un mes después de la llegada de dicha carta, Lyell y Hooker presentan los trabajos de Darwin y Wallace en la Sociedad Linneana de Londres.
Este hecho ocasionó que Darwin se enfocara en escribir El origen de las especies.publicado el 24 de noviembre de 1859.
“No es el libro más vendido de la época, no es el libro más leído de la época, pero sí es un libro que, sobre todo para los científicos, para los naturalistas, representa un punto importante en cuanto a esta discusión sobre la evolución”.

Se cree que la obra de Darwin llegó a México originalmente en idioma francés. Las primeras menciones que se hacen del naturalista en México se ubican en 1870. El doctor Rodríguez Caso comenta que fue Santiago Sierra, hermano de Justo Sierra, quien retoma las ideas del inglés para hablar de evolución y las publica en el periódico. El Libre Pensador con el seudónimo «Eleutheros».
Plantea que en nuestro país no hay grandes discusiones científicas sobre el darwinismo en el ámbito biológico y evolutivo, pero sí las hay en el aspecto social. A finales del siglo XIX existen dos grupos que ocupan las ideas de Darwin en discusiones políticas y filosóficas.
En el libro Darwin en (y desde México) Exponente Ruiz, Noguera y Rodríguez:
«por lo general positivistas más o menos ortodoxamente comteanos, defendían la noción en cuanto a que el ambiente determina la formación y desarrollo de las características propiamente humanas y admitían la adquisición de caracteres que se incorporan por herencia a las siguientes generaciones. Otros se pronunciaban por la tesis darwiniana, cuyo aserto se refiere a que los individuos nacen con una carga hereditaria que los hace innatamente aptos o no para la vida social».
Entre los que apoyan la primera idea se encuentran Gabino Barreda (impulsor de la Escuela Preparatoria) y quienes apoyan la segunda está Justo Sierra (fundador de la Universidad Nacional de México).
Así las primeras menciones a Darwin en México fueron a través de los periódicos y estaban centradas en las discusiones entre los grupos de positivistas interesados en promover la enseñanza.