June 4, 2026
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La reparación de Dolores Vázquez: una mujer inocente perfilada como “la lesbiana perversa” | LGTBIQ+

  • abril 27, 2026
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El asesinato de Rocío Wanninkhof dejó un reguero de víctimas. Además de la joven, que tenía 19 años cuando fue apuñalada por Tony Alexander King en 1999; su

La reparación de Dolores Vázquez: una mujer inocente perfilada como “la lesbiana perversa” | LGTBIQ+

El asesinato de Rocío Wanninkhof dejó un reguero de víctimas. Además de la joven, que tenía 19 años cuando fue apuñalada por Tony Alexander King en 1999; su familia y allegados; o Sonia Carabantes, a lo que King mató en 2003; Hubo una persona que fue víctima de una persecución mediática, de una cacería social, de odio y deshumanización. Se trata de Dolores Vázquez, falsamente inculpada en la muerte de Wanninkhof, juzgada y encarcelada por ello. “Dolores Vázquez fue señalada y condenada por pura lesbofobia”, resumen Beatriz Gimeno, autora del libro La construcción de la lesbiana perversa. (Gedisa, 2008). «Tenía coartada, no había ninguna prueba en su contra, y los indicios que usaron para inculparla bien eran inventados, bien estaban basados ​​en la lgtbifobia. Además, todo ello permitió que el auténtico culpable, cuya autoría era bastante más evidente, saliera del foco y años después matara a otra chica [Carabantes]”, explica.

Vázquez nunca fue indemnizada ni reparada por todo el daño sufrido, ni siquiera por haber pasado casi un año y medio en prisión siendo inocente. Ahora, más de 25 años después de ese martirio mediático, social y judicial, este lunes el Ministerio de Igualdad le va a entregar la Medalla a la promoción de los valores de igualdad a la mujer, en el marco del Día de la visibilidad lésbica, en un acto en el que va a reivindicar su figura.

El martes 2 de noviembre de 1999 el cuerpo de Rocío Wanninkhof fue encontrado tras casi un mes de búsqueda. La chica, que había desaparecido la noche del 9 de octubre en Mijas, cuando iba a encontrarse con un grupo de amigos para ir a la feria de Fuengirola, había sido apuñalada numerosas veces. El caso conmocionó a todo el país. Las teles, las radios y los periódicos vieron un filón y se volcaron en el asunto.

Casi un año después del asesinato de Wanninkhof, el 7 de septiembre de 2000, la Guardia Civil detuvo a Dolorez Vázquez, que entonces tenía 48 años. La mujer había tenido una relación de pareja con Alicia Hornos, la madre de Rocío, aunque ya llevaban años separadas. Los agentes insinuaron un posible “crimen pasional”. Los medios engordaron la narrativa. La sociedad se ensañó.

“Recuerdo perfectamente ser espectadora de todo el caso, de seguirlo en los medios y de pensar que algo me chirriaba mucho”, explica Tània Balló, que tenía 23 años cuando asesinaron a Rocío Wanninkhof. No le gustaba “cómo se hablaba de Dolores, el trato en los programas televisivos, la manera en la que se estaba construyendo una culpable a medida”. Su interés por el caso no decayó y en 2021 estrenó el documental El caso Wanninkhof-Carabantes. Balló estuvo trabajando en el proyecto más de dos años, en los que analizó las 5.000 páginas del sumario judicial, revisó horas y horas de material mediático y contactó con más de 60 fuentes cercanas a la investigación.

“La idea de una familia compuesta por dos mujeres fue algo realmente impactante”, ahonda la directora. Explica que «cuando la Guardia Civil habla de ‘crimen pasional’, la mentalidad de la época lo asocia automáticamente con un hombre. Por eso, a Dolores se la masculiniza de manera exacerbada, para convertirla en esa figura agresiva y vengativa que asesina a la joven para hacer daño a su expareja». Para que todo eso funcione, previamente había que aceptar que existía un núcleo familiar consolidado y normalizado compuesto por dos mujeres: “A finales de los noventa, esa realidad genera impacto, estupor y en algunos sectores de la sociedad, ira”, continúa.

La Guardia Civil basó su acusación en una veintena de indicios (carentes de capacidad probatoria del delito) y con algunos de ellos, contradictorios entre sí. Uno afirmaba que la mujer no trasmitía intranquilidad cuando hablaba por teléfono ―tenía pinchadas sus comunicaciones― sobre el hecho de que estaba siendo investigada; otro destacaba su nerviosismo al respecto. “Dieron importancia a indicios y detalles que construyeron una realidad que era la necesaria para poder condenar a Dolores por la muerte de Rocío sin pruebas en su contra”, remarca Clara Tiscar, que dedicó tres capítulos de criminopatiael podcast de verdadero crimen que dirige, al caso Wanninkhof-Carabantes. Una de las entregas se centraba en el calvario de Vázquez.

Además, los agentes consideraron como indicio de la culpabilidad de la mujer el perfil que trazaron de su personalidad: “Fría, calculadora, colérica”. Ante la falta de pruebas objetivas, “los medios se dedicaron a analizar la vida de Vázquez”, apunta Tiscar. Así, se incidió en que Vázquez llevaba pelo corto, practicaba artes marciales, era una mujer independiente, o conducía un coche deportivo.

“Todo lo que en un hombre se considera positivo, en ella adquiriría rasgos de malvada: su carácter, su capacidad de liderazgo en los negocios, su entereza”, explica la presidenta de la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+), Paula Iglesias. “No es algo que nos resulte ajeno a las mujeres, en general, cuando vivimos nuestra vida con autonomía o accedemos a puestos de poder”, prosigue, “además, las mujeres lesbianas enfrentamos una doble discriminación porque no cumplimos con la heteronorma”. Esa lesbofobia se nos us en el caso contra Vázquez “para desalmarla, deshumanizarla y, finalmente, culparla”.

«A Dolores no solo se la masculinizó: tenía que ser dibujada como una camionera. Si no, no hubiera podido despertar tanto odio», añade la abogada Ángeles Blanco. Describe que la mujer fue primero deshumanizada para después “arrancarle sus derechos sin remordimiento alguno”. «El juicio social se basa en los sentimientos, obviando la objetividad y el pensamiento crítico. Desde las vísceras se promueve el linchamiento, pero también el genocidio», añade Blanco que está especializado en casos de discriminaciónconcretamente en los que afectan al colectivo LGTBIQ+ oa personas con discapacidad.

En el linchamiento social que sufrió Vázquez no solo fueron clave los prejuicios lesbófobos, sino que, en una especie de doble pinza, también operó el silenciamiento, el armario. Aunque se mencionaba la relación sentimental que había tenido con la madre de Rocío, nunca se hablaba de lesbianas. “Se usaban términos como ‘amiga íntima”, recuerda Gimeno, que analizó en su libro más de medio millar de noticias publicadas en prensa sobre el caso. «Si se hubiera usado la palabra lesbiana, eso habría puesto en alerta a mucha gente, especialmente a las organizaciones LGTBI+. Al no ocurrir, quedaron amordazadas. El armario funcionó, en este caso, para ocultar que era un castigo basado en la lesbofobia», continúa.

Dolores Vázquez

Vázquez pasó 17 meses encarcelada, entre el 7 de septiembre de 2000 y el 8 de febrero de 2002. Desde el ingreso en prisión hasta el inicio del juicio (el 3 de septiembre de 2001), la Guardia Civil, carente de pruebas para inculparla, intentó recabar algo más sustancial. No lo consiguieron: de hecho, en el camino algunos de los indicios fueron descartados tras análisis más exhaustivos por parte de la policía científica. De esos importantes detalles casi no se informaba.

La audiencia, con jurado popular, duró dos semanas, con gente haciendo colas de varias horas para poder entrar en la sala. “La lesbofobia también impregnó el procedimiento judicial”, remarca la abogada Blanco. “Los tribunales están atravesados ​​por los mismos ejes de opresión que la sociedad: son machistas, capacitistas, lgtbifóbicos… Además, cuando el aparato legislativo se ve presionado mediática y/o políticamente, las posibilidades de que la balanza aplaste a una persona en situación de vulnerabilidad son aún mayores”, explica. Vázquez fue condenada a 15 años.

Unos meses después, en febrero de 2002, el proceso fue anulado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que ante la “falta de motivación” ordenó repetirlo. Nunca se celebró de nuevo. Tras salir de la cárcel, Vázquez abandonó España y se fue a vivir a Reino Unido.

El segundo asesinato

En agosto de 2003, Sonia Carabantes, de 17 años, fue secuestrada y asesinada cuando regresaba a su casa de la feria de Coín, a unos 20 kilómetros de Mijas. Al mes siguiente, detuvieron a Tony King y comprobaron que su ADN coincidía con el de una colilla que había sido encontrada en el lugar donde había desaparecido Rocío Wanninkhof. A ese resto de cigarrillo, una prueba real, se le dedicaron menos esfuerzos que a perfilar a Vázquez como esa “lesbiana perversa”.

Este arquetipo machista es recurrente: se aprecia en la señora Danvers, el ama de llaves de la película. rebeca (1940), dirigida por Alfred Hitchcock; o en el papel de Sharon Stone en Instinto Básico (1992, Paul Verhoeven) en el que hace de asesino. “La lesbofobia persiste en la sociedad”, recuerdan desde la Felgtbi+. Según los últimos informes que han publicado, de este año, un 26% de las lesbianas ha sufrido trato vejatorio o violencia verbal. Además, una de cada cinco ha sido rechazada o ha enfrentado aislamiento social. La Federación destaca también que el 60% de las lesbianas que han sufrido un incidente de odio no lo denuncia.

Hace unos años, Vázquez regresó a España. Nunca ha recibido ninguna indemnización y actualmente reside en Betanzos (Galicia), su pueblo natal. El año pasado, el Ayuntamiento de la localidad la homenajeó durante las celebraciones del 8M. “No guardo rencor a nadie”, dijo en el Consistorio. Vázquez, que no suele hablar con los medios ―ha declinado participar en este reportaje―, añadió algo: “En mi corazón, necesito que el Gobierno me pida perdón”.

Justamente, este lunes, un cuarto de siglo después de ser perseguida y señalada, el Gobierno ―en un acto en Igualdad, con la ministra de ese área, Ana Redondo, y también el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, y por el Día de la visibilidad lésbica, que se conmemora cada 26 de abril― va a entregar a Dolores Vázquez la Medalla a la promoción de los valores de igualdad a la mujer (el acto se va a retrasmitir en directo). “Hace bastante tiempo que llevábamos planteando esta acción ministerial”, reconoce Julio del Valle, director general LGTBI+. “Para toda la comunidad, Vázquez es un referente”, añade, “un símbolo de lo que pasa cuando nuestras vidas se ven atravesadas por la discriminación por nuestra orientación sexual o identidad”.

“Aunque es una restitución que llega tarde, al menos llega”, reflexiona la directora Tània Balló. Se alegra de que haya un perdón público y oficial: «Era absolutamente necesario. Es un gesto por parte de las instituciones con el que se reconoce el error y también que se creó un marco para convencer de que esta mujer era culpable de un crimen que nunca cometió». “No sé si tras pasar algo así te puedas llegar a sentir del todo restituida; el daño fue muy profundo”, afirma. Y agrega un matiz: “Es también un recordatorio de que cosas como esta no pueden volver a pasar”.