La sastrería de lujo romana que no hace publicidad y tiene cuatro meses de espera
- mayo 6, 2026
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En el barrio del Parioli de Roma, en una villa alejada del tráfico romano, está una de las sastrerías masculinas de lujo con más solera de Italia, la
En el barrio del Parioli de Roma, en una villa alejada del tráfico romano, está una de las sastrerías masculinas de lujo con más solera de Italia, la
En el barrio del Parioli de Roma, en una villa alejada del tráfico romano, está una de las sastrerías masculinas de lujo con más solera de Italia, la que fundó. Angelo Litricoconsiderado el mejor sastre del mundo. No hace publicidad y confecciona … entre 300 y 500 trajes al añoque cuestan entre 6.500 y 95.000 euros. Sus clientes quedan tan satisfechos, que hay lista de espera de tres o cuatro meses. Aunque la sastrería ha publicado su fórmula para hacer un traje perfecto, aparentemente sólo ellos consiguen aplicarla.
Cada traje que requiere preparar 40 horas de trabajo repartidas a lo largo de tres o cuatro semanas, ya que el tejido debe ‘reposar’ para que el forro y la tela respiren como una sola pieza. Durante ese tiempo se coordinan doce costureros para dar 25.000 puntadas por mano. Las partes más difíciles de confeccionar son el tiro del pantalón y el pecho de la chaqueta, la zona que tiene más piezas y soporta mayores tensiones, y donde hay más riesgo de que el tejido se rompa. Las medidas siguen la ‘regola áurea’ Del corte sartorial: la chaqueta debe caer justo en el punto medio entre el cuello y el tacón, a la altura de la uña del pulgar cuando la mano descansa doblada.
Angelo Litrico, que diseñó este proceso, falleció en 1986, pero sus herederos han mantenido viva su escuela. Visitar el taller que dirige susobrino Luca, junto a su mujer Stefaniaes zambullirse en una historia que arranca en la Dolce Vita romana y que sigue marcando el estilo italiano. En este lugar, todo habla de moda y elegancia, desde los bocetos de sus diseños en las paredes, hasta las mesas de cristal con patas en forma de tijeras o los maniquíes con modelos históricos. La pieza principal es el traje que se confeccionó en 1955 para dar un giro a su vida ya la historia de la moda italiana.
Interior del taller, bocetos y prendas en proceso de confección. .
(Sartoria Litrico y Javier Martínez-Brocal)
Litrico nació en 1927 en una familia de pescadores. Estaba destinado a trabajar en el mar, pero se rompió una pierna jugando al fútbol, fue mal enyesado y tuvieron que amputársela. Esa tragedia le impidió realizar trabajos físicos y lo llevó a estudiar sastrería. A los 18 años se trasladó a Roma, donde consiguió trabajo en una mercería que seis años más tarde compró a su dueño.
Era ambicioso, quería vestir a los artistas de su tiempo e ideó un plan perfecto. Compró una entrada de primera clase para la ópera de Roma, un billete que daba derecho a pasear por el vestíbulo durante los intermedios. Para esa ocasión se hizo un traje deslumbrante: una chaqueta de tonos verdes que se cerraba con un broche de metal, un pantalón negro y una camisa de elegantes encajes. Atrajo las miradas del actor y director. Rossano Brazzique le preguntó quién se lo había confeccionado. «Ha sido un sastre de Via Sicilia», respondió Angelo con astucia. Dos o tres días después, Brazzi se presentó en su tienda con Vittorio Gassman para encargarle ocho trajes y abrirle las puertas de su mundo. «Desde ese momento, su atelier se convirtió en un punto de encuentro para actores, directores y cantantes», recuerda Luca Litrico.
Su tío Angelo Litrico fue un pionero de la moda italiana. este sastre inventó las pasarelas de moda masculina y fue el primero que pidió a hombres que trabajaran como modelos. También apoyó el talento de un sastre entonces recién llegado de París, al que ayudó a adentrarse en el mundo de la moda: era Valentino.
Litrico vistiendo a Gassmann; dedicatoria de Valentino a Litrico.
(Sartoria Litrico)
En 1957, en plena Guerra Fría, organizó un desfile de moda en la URSS. Como gesto de cortesía, decidió regalar un abrigo al secretario del Partido Comunista, Nikita Kruschev. Aunque no tenía sus medidas y lo hizo a partir de fotos y usando como modelo al jefe de policía de Roma, le quedó perfecto. El presidente soviético quedó encantado y le encargó más prendas. De hecho, el zapato con el que Kruschev golpeó la mesa en la ONU en octubre de 1960 era de Litrico, igual que el traje, la camisa y la corbata que llevaba puestas.
«Tras Kruschev se sumaron a la lista Kennedy, Eisenhower, Nixon, el Sha de Persia, Perón, Gagarin, de Gaulle, los astronautas del Apolo XI y muchos más», recuerda Luca. Les separaba la política, pero les unía el sastre. En Italia vistió a la clase política de derechas e izquierdas, desde Giulio Andreotti hasta Sandro Pertini. «Andreotti vestía muy bien con nuestros trajes. Era un cuerpo difícil, y ahí se ve la habilidad de mi padre y mi tío», presume.
«Cuando mi tío Angelo falleció, mi padre Franco y mi tía Giusy, que eran sus hermanos, continuaron la actividad. Yo asumí la dirección en 2004», dice Luca. Desde que era niño, pasaba horas en el taller respirando el aroma de telas, agujas, tijeras y tizas. Allí asimiló sin darse cuenta de la esencia y técnicas de su padre y su tío, que le iban confiando pequeños encargos. «Cuando vives en un molino, te manchas de harina. Y yo me quedé manchado para siempre», narra.
Bocetos de la ‘maison’ Litrico. .
(Sartoria Litrico)
Esa experiencia acumulada tiene consecuencias prácticas, y «después de 70 años en este sector, conocemos perfectamente la anatomía masculina». Luca asegura que es suficiente la «primera visita para estudiar la postura del cliente, sus proporciones y sus hábitos corporales» y que luego cortan el traje «corrigiendo los defectos». Dice que en general basta con que el cliente se lo pruebe una sola vez. Para ese momento, tiene el espejo de tres antas recubierto con pinturas de un artista de Via Margutta, que permite a los clientes ver cómo les queda por delante y por detrás. «En el 90% de los casos, el traje está perfecto», asegura.
En su opinión, quienes están dispuestos a pagar decenas de millas de euros por un traje desean ir un paso más allá de la elegancia. «Mientras muchos diseñadores crean colecciones globales que luego se imponen al consumidor -las mismas en todos los países-, nosotros seguimos la lógica original de la alta costura: no creamos colecciones universalessino un estilo para cada cliente», presume. «Quien viene busca un estilo propio: no vendemos simplemente un traje sino una identidad. Por eso, cada traje es distinto y te debe quedar bien solo a tipues corregirá y esconderá tus defectos», explica.
Detalles en los diseños de la firma.
(Sartoria Litrico y Javier Martínez-Brocal)
El precio depende también del tejido que se usa. Tienen entre sus telas una hecha con lana y polvo de diamante u otra con lapislázuli. «El precio se dispara cuando usamos la vicuñael tejido más exclusivo del mundo, pues cuesta 8.000 euros el metro», subraya Luca. Para hacer un traje hacen falta unos 3 o 4 metros de tela, que supondría un gasto de partida de entre 24.000 y 32.000 euros. «Cuesta tanto porque es muy difícil de obtener. La lana procede de animales protegidos que solo pueden ser esquilados cada dos años. En el mundo existen menos de 120.000 ejemplares», explica. En cuanto al nivel de lujo, «no tiene apenas límites». Por ejemplo, es posible hacer el forro de visón de marta cibelina, o utilizar botones con joyas para los bolsillos interiores o hilos de oro.
La prenda más solicitada es el traje clasico azul de alta representación pues «es el color del mando y por eso lo ven jefes de Estado como Putin, Trump y Xi Jinping, de países tan diferentes». A él le gustaría hacer más esmoquin, «la prenda más elegante que existe». Sólo el 15% de sus clientes son italianos y el resto proceden de EE.UU. y del Golfo Pérsico. «Tenemos clientes españoles, pero viven entre Europa y Estados Unidos», dice.
Trajes de Litrico.
(Sartoria Litrico)
Desde que Angelo Litrico abrió su taller en Roma en 1951 han pasado 75 años. En las estanterías de este taller cuelgan catálogos, premios y fotos que recuerdan que han logrado mantener su estilo propio. «La moda nació siendo sastrería. Luego se convirtió en industria. Hoy la industria es financiera, y la financiera no va con la calidad. Hay que volver a la calidad, a lo artesanal, a lo que éramos hace décadas», resume Luca. Por eso en el taller sigue expuesta la chaqueta verde de retales con la que se coló en la ópera de Roma aquella noche de 1955; 70 años después, todavía les abren puertas.