June 4, 2026
opinión

La Jornada: Racismo antiblanco

  • abril 29, 2026
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En Francia, bastante se discute ahora sobre el racismo contra los blancos. Hasta hace poco tiempo sólo se hablaba de discriminación sobre la población formada por personas de piel oscura. Pero las cosas han ido cambiando tal vez a causa de una especie de culpabilidad de la población blanca hacia la gente que no tiene la piel clara. Esta culpabilidad, más o menos creciente, mucho tiene que ver con el discurso de los medios de comunicación con el propósito de la desigualdad que sufre la gente negra, humillada durante siglos por una casta privilegiada formada por las personas de piel blanca. En realidad, en todo caso en Francia, esta humillación no existe o ha dejado de existir. Y, curiosamente, es la gente negra la que se refiere a una diferencia racial que podría sobajarla.

Recuerdo una escena que viví apenas llegada a Francia. Durante un trayecto en el Metro, caminando en uno de sus largos túneles para cambiar de estación, un hombre de piel oscura casi pegó su cuerpo al mío para murmurarme al oído unas palabras. Traté de alejarme de él, pero el tipo me seguía sin dejarme escapar, como si yo fuera un verdadero animal cazado en la jungla metropolitana. El hombre puso una de sus manos sobre mi cuerpo. Mi reacción fue entonces tan rápida como violenta y arrojé lejos de mí su brazo. El individuo me dijo, tratando de culpabilizarme, último recurso de los derrotados: “ tu es racista, tu n’aimes pas les noirs» (eres racista, no te gustan los negros). Mi reacción, lejos probablemente de la que el tipo se esperaba, fue tan violenta como brutal: » Non, je n’aime pas les nègres”, a sabiendas que utilizar la palabra “ negro» en vez de » negro» tiene una connotación racista. Habría podido simplemente alejarme del energúmeno, pero esos pasos hubieran mostrado un temor que le habría procurado la sensación del triunfo del macho sobre la hembra dominada, un sentimiento que yo deseaba, en esos momentos, evitarle a toda costa. Nada me subleva más que dejar creer a un tipo que ha ganado cuando, en realidad, no hay ningún éxito en una agresión que el agredido o la agredida apenas si percibe. Mi respuesta lo dejó paralizado, sin poder encontrar Cómo contestarme. Sin duda, una manera de llamar una acusación falsa, sobre todo cuando de racismo se trata, es mostrarse cínico y aceptar la imputación. Ante este reconocimiento, el acusador queda desarmado, puesto que le es imposible encontrar cómo continuar inculpando al acusado que no trata de negar su falta, delito o crimen.

El racismo antiblanco, aunque novedoso, no deja de aumentar día con día en Francia. Con formas distintas del racismo tradicional que sufre la gente negra, el segregacionismo que pueden sentir los blancos se manifiesta en una culpabilización del color claro de su piel. Esta palidez parece dar privilegios inmerecidos a sus poseedores, quienes acceden a mejores posiciones en la sociedad y tiene posibilidades de subir más rápida y fácilmente en la escala social, mientras la gente negra se topa con trabas y barreras que no detienen la carrera de los blancos. Consecuencia imprevisible, estos privilegios se transforman en desventajas, pues se acusa a quienes gozan de ellos de abuso, injusticia e, incluso, despotismo.

Así, se imponen “cuotas” en la contratación de trabajadores de la televisión: tanto personal de piel clara, tanto de piel oscura. Si esta selección ha comenzado en las cadenas televisivas es precisamente porque la imagen tiene preponderancia. Debe “educar” al público, enseñarle que el color de la piel no implica ni tolera diferencias entre las personas y que todos somos iguales, sea cual sea la pigmentación de nuestra epidermis.

Esto me recuerda un chiste que me contaron hace años: un niño pregunta a su padre por qué tiene la piel negra, su progenitor le responde que es para protegerlo de los rayos del sol, y por qué tiene la piel morena, pues por el mismo motivo, y el cabello hirsuto, ídem. Entonces, ¿por qué nació en Chicago? Sin respuesta.