June 4, 2026
opinión

La Jornada: Progresismo mundial ¿sin acciones?

  • abril 26, 2026
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n el evento llevado a cabo en Barcelona el 18 de abril, se reunieron líderes progresistas de 40 países, personalidades invitadas por el presidente del gobierno español Pedro Sánchez, entre las que destaco a Claudia Sheinbaum, Lula da Silva, Gustavo Petro, quienes abogaron por la paz, la igualdad y los derechos humanos. Un evento que generó muchas esperanzas, dadas las terribles condiciones neofascistas que viven el mundo y con dos locos sionistas dispuestos a llevarnos a una catástrofe mundial: Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Se escuchó un diagnóstico, que sin duda fue claro, vibrante y necesario, aunque hubo ausencia de los nombres y apellidos de los dos principales desquiciados que intentan volar al mundo. Es cierto que se mencionó la necesidad de reformar a Naciones Unidas y sobre todo a su Consejo de Seguridad, que dada su configuración actual no sirve a los propósitos de la búsqueda de la paz; También se mencionó la necesidad de impulsar las energías limpias y el aumento de impuestos a los supermillonarios. Sin embargo, se esperaba no sólo escuchar críticas puntuales acerca de la situación actual, sino que, desde mi punto de vista, hubiera sido muy importante plantear ya un plan de acción, un programa, algunas medidas concretas, quizás mínimas, pero que era claramente una ruptura que expusiera con claridad la repulsa de las acciones desatadas por esos trastornados.

Me parece que era el momento en el que se acusara con nombre y apellido a Benjamin Netanyahu de genocida por los crímenes perpetrados en Gaza, en Cisjordania, en Siria, en el sur de Líbano, por invadir una tierra que no es suya y expulsar y asesinar a sus verdaderos dueños, los palestinos. Se esperaba que se denunciara a Donald Trump por haber asesinado a pescadores que en barcazas transitan por el Caribe, a los que tilda de narcotraficantes sin la más mínima prueba; por secuestrar a un presidente ya su esposa, (Nicolás Maduro y Cilia Flores) porque asegura, sin ninguna prueba, que es jefe de una asociación de narcos que ni siquiera existe; por bombardear Irán sin que este país le haya hecho absolutamente nada, que pretenda acabar con las instalaciones eléctricas y puentes de ese país y al que quiere destruir para volver a “la Edad de Piedra, y lo más cruel y espeluznante, haber asesinado a 170 niñas de un colegio en Irán, sabiendo los perpetradores que era una escuela. Todo ello para apoyar los deseos del sionista Benjamin Netanyahu, un criminal de guerra que debe ir a la cárcel de por vida.

Parece que hay una profunda desproporción entre los gravísimos y pavorosos acontecimientos que el mundo está viviendo, y que son la muestra más contundente de la magnitud de la crisis que el capitalismo global está experimentando, y las propuestas, más bien tibias que se plantearon por parte de ese progresismo al no exhibir acciones concretas que tuvieran la magnitud para transformar y confrontar las estructuras del poder global sionista.

Como diría José Valenzuela las crisis capitalistas pueden tener transiciones demasiado largas al grado de generar verdaderos pantanos históricos, nunca mejor expresadas que en estos momentos. Lamentablemente, el progresismo reunido mostró que es políticamente inofensivo, porque en lugar de articular una respuesta a la crisis, evitó confrontarse con este poder global que con toda impunidad viola todas las reglas de la convivencia y del derecho internacional sin que aparezca ningún poder que lo sancione. Por el contrario, se castiga a aquellos que se atreven a ejercer un pensamiento crítico. Está muy bien clamar por democracia, pero ¿cuál democracia, votar?; por derechos ¿de quién los derechos?; por la inclusión ¿incluir a quién, a los migrantes? cuando ni siquiera se les mencionó.

Si bien en el evento de Barcelona se mostró conciencia de la gravedad del momento histórico que vive el mundo, también mostró la dificultad del progreso contemporáneo para articular una respuesta estructural a la crisis global. Lo que exige una crítica profunda de esa izquierda que permitió, una vez en el poder en América Latina “dejar el paso libre para una ultraderecha bien financiada desde Washington y Europa” (Aram Aharonian).