April 14, 2026
tendencias

Lo que le debemos a Patxi Ezkiaga | sociedad

  • abril 12, 2026
  • 0

Hace unas semanas publiqué en otro diario un artículo sobre Patxi Ezkiaga, hermano de La Salle Donostia, tras cuya muerte se conocieron Múltiples abusos a las alumnas del

Lo que le debemos a Patxi Ezkiaga | sociedad

Hace unas semanas publiqué en otro diario un artículo sobre Patxi Ezkiaga, hermano de La Salle Donostia, tras cuya muerte se conocieron Múltiples abusos a las alumnas del colegio, información que dio a conocer EL PAÍS. En mi texto señalaba que, aún a pesar de no ser conscientes de la terrible magnitud de lo que sucedió, los alumnos estábamos al tanto de que su actitud no era normal, ni apropiada, y alguien adulto debería haber actuado.

Ese día me llamaron estupefacto un profesor, al que llevaba más de 30 años sin ver. “¿Por qué cuando murió lo homenajeaste en la radio y ahora sales con estas?”. Vamos, que no estaba en condiciones de reprocharle nada a Patxi.

Es cierto que con pocas personas me habré sentido más en deuda. Él corrigió mis primeros textos, y me buscó concursos. Incluso gané uno juvenil que me permitió publicar mi primer libro a los 17. Esto no hubiera sido posible si él no hubiera realizado mil fotocopias la víspera del plazo de entrega. Era domingo y yo había escrito un tocho de 300 páginas. Pero todo fuera por mi vocación.

También me contagio de su pasión por la historia y el arte. Es más, sació mi inquietud primeriza por la música clásica compartiendo conmigo las discotecas del colegio. Y hoy me dedico a la divulgación de esta música en la radio y novelas públicas, con que, lo que es mi mundo, se lo debo a él.

Por desgracia, en tanto me subía a su habitación a leerme. El libro de los abrazosa otras personas las llevaban allí para abrazarlas contra su voluntad. Y mientras hacía sonar en mis oídos la Titán de Mahler, susurraba en otros un inquietante “Lasai, maitía” (Tranquila, cariño.) para disfrazarse de afecto un crimen. En definitiva, que a mí me dio una vida ya otras muchas personas les arrebató la que les hubiera correspondido hoy: una vida sin dolor, ni el recuerdo de sus manos reptándoles como arañas por el cuerpo, ni la sensación de que él sigue ahí al acecho, con sus flores venenosas y sus versos lascivos. Pero, ¿cuál era la diferencia entre ellas y yo, para que no nos traten por igual? ¿El género? ¿La fuerza de fuerza que les impedía defenderse? ¿O sentirse reforzado en su poder, compensando con el bien a unos, el mal ocasionado en otros?

El exprofesor que me llamó no comprende mi cambio porque sigue creyendo en un Patxi que nunca existió. Solo vio la máscara seductora del monstruo, que a mí se me hizo añicos cuando Marisol Zamora habló desde EL PAÍS. Por tanto, a este Patxi, el que siempre fue, no creo que deberle nada.

“Estoy orgulloso de ti”, me dijo. Yo lo estoy de sus víctimas, que han tenido la valentía de abrirnos su corazón, a costa de sus heridas, para que esto no vuelva a suceder. Porque os lo reconozcan como lo merecéis.