June 4, 2026
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Bloqueo del tratado de pandemias en la OMS en plena crisis del hantavirus | Planeta Futuro

  • mayo 11, 2026
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Mientras los negociadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) abandonaban Ginebra el pasado 1 de mayo sin lograr cerrar el anexo clave que debía activar el

Bloqueo del tratado de pandemias en la OMS en plena crisis del hantavirus | Planeta Futuro

Mientras los negociadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) abandonaban Ginebra el pasado 1 de mayo sin lograr cerrar el anexo clave que debía activar el tratado global contra las pandemias aprobado en 2025 —el mecanismo llamado a evitar que en la próxima emergencia sanitaria se repitan los desequilibrios vividos durante la covid—, un brote de hantavirus comenzaba a encender las alarmas internacionales. Al día siguiente, las autoridades sanitarias informarán de varios casos confirmados y sospechosos en el crucero ártico. MV Hondius, que había partido de Argentina. La secuencia —fracaso diplomático un día y alerta sanitaria al siguiente— pone en evidencia que la comunidad internacional sigue discutiendo las reglas para afrontar la próxima pandemia mientras los patógenos continúan propagándose sin esperar a los consensos políticos.

“El brote es otro recordatorio de las amenazas que los virus emergentes suponen para los humanos”, señala Neil Vora, epidemiólogo y director ejecutivo de Prevenir las Pandemias desde el Origen (PPATS, por sus siglas en inglés). “Ver un brote de hantavirus en un crucero es inesperado, pero no del todo sorprendente, teniendo en cuenta cómo se mueve la gente por el mundo y cómo interactuamos con los animales”. El especialista subraya que el patógeno involucrado, el virus de los Andes, es el único hantavirus en el que se ha documentado la transmisión de persona a persona, y aunque el riesgo para la población general es bajo, el episodio “merece una atención internacional muy estrecha” por la posibilidad de nuevos casos en distintos países.

Ver un brote de hantavirus en un crucero es inesperado, pero no del todo sorprendente, teniendo en cuenta cómo se mueve la gente por el mundo y cómo interactuamos con los animales.

Neil Vora, epidemiólogo

Para Vora, la coincidencia con el bloqueo diplomático de Ginebra no es solo simbólica. “En las últimas semanas hemos visto fracasar la negociación del anexo que regula el sistema de acceso a patógenos y reparto de beneficios [PABS, por sus siglas en inglés] y eso es una pérdida para todo el mundo”, afirma.

Ese anexo es el pilar que debe convertir el tratado de pandemias en una herramienta operativa: es el mecanismo que establecerá cómo los países comparten muestras y secuencias de virus con potencial pandémico y, a cambio, recibirán acceso oportuno a vacunas, tratamientos o diagnósticos cuando estalle una emergencia. El mecanismo debería haber sido aprobado en la próxima asamblea mundial de la OMS, que se celebra entre el 18 y el 23 de mayo. Las negociaciones, sin embargo, volvieron a cerrarse el 1 de mayo sin consenso, lo que obligará a retrasar de nuevo la implementación del tratado de pandemias.

El brote de hantavirus sí ha activado, en cambio, el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), el principal instrumento del que dispone la OMS para gestionar alertas transfronterizas. Como recordó el pasado jueves su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, el episodio “muestra por qué existen los reglamentos sanitarios internacionales y cómo funcionan”, un marco que permite notificar y coordinar respuestas. Sin embargo, no regula el acceso a vacunas, tratamientos o diagnósticos, que es el vacío que debe cubrir el PABS.

Sin margen para la ambigüedad

“El diablo está en los detalles”, resume Michel Kazatchkine, miembro del Panel Independiente para la Preparación y Respuesta ante Pandemiasque ha seguido muy de cerca la marcha de las negociaciones. “El acuerdo trata sobre cuestiones muy fundamentales: qué es exactamente una transferencia tecnológica, qué tipo de contratos habrá, cómo serán los flujos financieros o si los acuerdos se aplicarán solo durante una pandemia o también entre pandemias”. Para el experto francés, mientras que el tratado de pandemias es “un marco en el que se puede dejar un margen de flexibilidad en la interpretación, el anexo baja a lo específico: “Si se dona el 20% o el 10% [de las vacunas]si es obligatorio hacerlo o no… Por eso las negociaciones son tan difíciles”.

El bloqueo del PABS no se explica solo por dificultades técnicas, sino por una desconfianza política arrastrada desde la covid. “La desigualdad que todo el mundo vio durante la pandemia generó una enorme desconfianza y los países de ingresos bajos y medios dicen ahora: no podemos permitir que vuelva a ocurrir”, señala Kazatchkine. Durante aquella crisis, recuerda, muchos Estados compartieron rápidamente muestras y secuencias genéticas del virus, pero quedaron relegados cuando llegaron las vacunas, los diagnósticos y otros suministros esenciales.

Todos sabemos que habrá otra pandemia y ahora mismo estamos viviendo un ejemplo de otro brote preocupante.

Michel Kazatchkine, miembro del Panel Independiente para la Preparación y Respuesta ante Pandemias

Aunque el artículo 12 del tratado, ya aprobado, consagra el acceso en tiempo real a vacunas y tratamientos, el PABS debe establecer los mecanismos para compartir los datos de nuevos patógenos sin que los beneficios vuelvan a centrarse en manos de unos pocos. “La secuencia genética de un nuevo patógeno debería ser un bien público global”, afirma Kazatchkine, pero advierte de que ese principio entra en tensión con el sistema actual de innovación biomédica. “Si se envían los datos a una base abierta, es muy difícil organizar un sistema de reparto de beneficios”, explica, porque distintas industrias pueden utilizarlos para desarrollar productos sin estar obligadas a participar en ese reparto. De ahí que muchos países del Sur Global reclamen garantías vinculantes de acceso a vacunas y tratamientos antes de liberar esos datos, mientras que los Estados con grandes industrias farmacéuticas recelan de mecanismos que puedan afectar a la propiedad intelectual oa la investigación y el desarrollo.

Pedro Gullón, director general de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad y uno de los negociadores españoles, admite que el bloqueo reproduce, “simplificando mucho”, la división entre el Norte y el Sur globales. Según coinciden con Kazatchkine, los principales escollos siguen siendo dos: el alcance del sistema —qué patógenos quedarían incluidos en el mecanismo— y cómo se repartirían de forma concreta los beneficios derivados de su uso. “Son cuestiones fundamentales que requieren más tiempo, flexibilidad y un salto político por todas las partes”, señala. España, añade, ha intentado desempeñar un papel de mediación para “avanzar hacia un acuerdo operativo”, incluso si eso implica aceptar un anexo menos ambicioso que el ideal, con tal de que permita activar cuanto antes el tratado de pandemias.

Kazatchkine cuestiona también hasta qué punto el mundo está hoy mejor preparado frente a una nueva crisis sanitaria. “Se estima que serían necesarios unos 10.000 millones de dólares (8.490 millones de euros) al año para la preparación frente a pandemias, pero el Fondo de Pandemias creado tras la covid apenas ha recaudado cerca de 2.000 millones”, señala. A su juicio, pese a algunos avances, esta brecha refleja una falta de liderazgo político sostenido: “Nadie está diciendo hoy claramente que este es un problema global y que nadie estará a salvo hasta que todos lo estén”, advierte.

Ese déficit de preparación explica, precisamente, por qué el margen de espera es limitado. Aun así, tanto Gullón como Kazatchkine coinciden en que la falta de acuerdo sobre el anexo que implementará el tratado de pandemias no implica necesariamente su debacle definitiva. “No debería verso como un fracaso”, sostiene el experto francés. Pero, según añade, el tiempo juega en contra: «El acuerdo del PABS es clave porque, sin su firma, no puede iniciarse el proceso de ratificación del tratado de pandemias. Todos sabemos que habrá otra pandemia y ahora mismo estamos viviendo un ejemplo de otro brote preocupante. Por eso hay mucha presión».