¿Y ahora qué sigue? El imperio del mal
- abril 25, 2026
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La certeza es el enemigo mortal de la tolerancia. Los que hacen gala de certeza logran escudriñar las debilidades de los demás. Pero jamás aceptaré debilidades propias. (Inspirada
La certeza es el enemigo mortal de la tolerancia. Los que hacen gala de certeza logran escudriñar las debilidades de los demás. Pero jamás aceptaré debilidades propias. (Inspirada
La certeza es el enemigo mortal de la tolerancia. Los que hacen gala de certeza logran escudriñar las debilidades de los demás. Pero jamás aceptaré debilidades propias. (Inspirada en la película Cónclave.)
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grupa y sus cómplices Vance y Rubio pretenden destruir el mundo y alentar el caos. En tanto, se están enriqueciendo junto a sus familiares y compadres como en una república bananera.
Exudan cinismo al por mayor, como la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respecto a que México debería mostrar más simpatía tras la muerte de los agentes de la CIA.
¿Y ustedes han sentido empatía por los mexicanos expulsados de su país o asesinados en las cárceles estadunidenses? ¿Han expresado un mínimo de solidaridad con el genocidio que se ejecuta en Gaza con el apoyo y las armas provistas por Estados Unidos?
Para entender cómo la maldad se enseñorea en el mundo señalamos a quienes alimentan los fuegos de la nueva derecha. Tres publicistas resaltan: Balaji Srinivasan, quien escribió el libro El estado de la red; Curtis Yarvin, el ideólogo de la Ilustración oscura y el filósofo francés René Girard.
El estado de la redescrita por el empresario Balaji Srinivasan, es una obra que desafiaba la concepción tradicional del Estado-nación. Balaji propone que, así como Internet transformó los medios y las finanzas, ahora transformará la geografía política mediante la creación de nuevos países que nacen primero en la nube. El estado de la red es un manual para lo que Balaji llama “geografía de código abierto”. Plantea que el futuro no se dividirá sólo por fronteras terrestres, sino por redes de personas conectadas por intereses y contratos inteligentes que deciden materializar su propia soberanía.
Yarvin sostiene que no vivimos en una democracia libre, sino bajo el dominio de una estructura descentralizada de consenso que él llama La Catedral. Una alianza informal entre las universidades de élite (la academia) y los principales medios de comunicación (la prensa). No hay una conspiración central; funciona como un enjambre. Las universidades generan las ideas y normas morales, y los medios las difunden y validan. Juntos, dictan lo que es “políticamente aceptable”, castigando cualquier pensamiento fuera de este consenso. Yarvin argumenta que la democracia es intrínsecamente inestable y siempre tiende hacia la oligarquía o la tiranía de la burocracia. Considere que el “gobierno del pueblo” es un mito técnico imposible. Siempre hay una élite gobernante; la diferencia es si esa élite es responsable y visible o si se esconde tras procesos democráticos opacos.
Para Girard, el hombre no sabe qué desear. Por tanto, deseamos lo que otros desean. Si dos personas desean lo mismo y no pueden compartirlo, se convierten en rivales. Cuanto más se parece el sujeto y el modelo (mediación interna), más fuerte es el conflicto. Girard llama a esto “los dobles”: los rivales se vuelven idénticos en su odio y competencia. Cuando la rivalidad mimética se extiende a toda una comunidad, se genera una “crisis mimética” (caos total). Para salvarse, la comunidad canaliza toda su violencia hacia una víctima arbitraria (el chivo expiatorio). La muerte o expulsión de esta víctima trae una paz repentina.
Conectar a Srinivasan, Yarvin y Girard permite entender su concepción no como una lucha entre “izquierda y derecha”, sino como un cambio tectónico en la estructura de la autoridad y el deseo social. Si el deseo es mimético, alguien debe dictar qué es lo deseable. Mientras Yarvin sugiere que necesitamos un “cirujano” (un líder autoritario funcional) para detener la infección de la burocracia, Balaji sugiere que el paciente (el Estado actual) es terminal y que debemos empezar a construir “clínicas privadas” (estados rojos) en la nube. Girard nos advierte que ninguna solución funcionará salvo si entendemos que nuestro conflicto es con nuestra incapacidad de dejar de imitarnos en el odio.