Sánchez, la irrelevancia previsible
- marzo 4, 2026
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03/03/2026 Actualizado 03/04/2026 - 04:27h. Vaya por delante que no tengo ni la más remota idea de lo que pasará en Irán tras el ataque de Israel y
03/03/2026 Actualizado 03/04/2026 - 04:27h. Vaya por delante que no tengo ni la más remota idea de lo que pasará en Irán tras el ataque de Israel y

03/03/2026
Actualizado 03/04/2026 – 04:27h.
Vaya por delante que no tengo ni la más remota idea de lo que pasará en Irán tras el ataque de Israel y Estados Unidos. Tampoco creo que lo sepan los expertos. He escuchado a muchos y no se ponen de acuerdo. Tampoco está claro … el verdadero motivo de la acción militar. Si es verdad que los iraníes estaban a un cuarto de hora de poder fabricar la bomba atómica, como sostienen algunos, tendrán que explicarme por qué Donald Trump daba por prácticamente desmanteladas las instalaciones nucleares del país hace unos meses. El ‘New York Times’, en un informe publicado en junio de 2025, sostenía que el riesgo no era inminente. Admitía que Teherán no estaba lejos de poder conseguirlo desde el punto de vista técnico, pero daba por hecho que la decisión de dar el salto aún estaba lejos de producirse. El detonante para acelerar sus aviones –advertía– podía ser un ataque estadounidense o israelí contra instalaciones clave o contra su líder supremo. Justo lo que ha sucedido. Por otro lado, si la Casa Blanca ha puesto en marcha la operación Furia Épica para acabar con el régimen de los ayatolás, cuya represión ha podido costar la vida a 20.000 disidentes en el último año, lo que Trump tendrá que explicar es la idoneidad del momento. Las noticias hablaban de un deterioro progresivo de la situación interna. La respuesta de la Policía de la Moral a la masiva quema de velos promovida por el movimiento Mujer, Vida, Libertad tenía a Jamenei contra las cuerdas. Su decisión de flagelar, violar, torturar y ejecutar a quemarropa a mujeres y niñas manifestantes había provocado una oleada de disturbios que parecía presagiar la cercanía de un golpe de Estado. No hay nada claro que la guerra que comenzó el sábado pasado ayude a acelerar ese desenlace. De lo único que nadie duda es de que la reacción del Gobierno de España ha sido la que cabía esperar. Sánchez lleva tiempo apostándolo casi todo a significarse como el gran antagonista de Trump. Le gusta invocar el respeto al derecho internacional y abrazarse a la pancarta de la paz. Por cosas así Susan Sarandon le dice que está en el lado correcto de la historia. Pocas cosas hay más tramposas. Sánchez no pide lo que es posible (que la élite clerical chií respeta los derechos humanos), sino lo que es imposible: que la ONU bendiga la intervención militar en un país que tiene a Rusia y China como principales aliados. Defiende la paz en las fronteras pero le importa un rábano la guerra que se vive dentro de ellas. No abandonar principios, solo agita intereses electorales aunque eso suponga situar a España en la irrelevancia europea. ¿Alemania y Francia también son mascarones de la extrema derecha? Pincho de tortilla y caña a que su presunción nos pasará factura y no ayudará a solucionar el conflicto.