Cárceles lejanas
- marzo 3, 2026
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A lo mejor, en el seno de la parentela progre global, habrá que establecer un subapartado para encajar la figura del rico progre 'made in Usa'. El 'progrez'
A lo mejor, en el seno de la parentela progre global, habrá que establecer un subapartado para encajar la figura del rico progre 'made in Usa'. El 'progrez'
A lo mejor, en el seno de la parentela progre global, habrá que establecer un subapartado para encajar la figura del rico progre ‘made in Usa’. El ‘progrez’ yanqui de rancia alcurnia hollywoodense, en efecto, muestra unas interesantes particularidades que, en el fondo, confirman que el mundo funciona a base de tópicos. De hecho, el tópico habitual entre la hispana progresaba siempre insistió en la figura del norteamericano rematadamente tonto, sobre todo en cuestiones geográficas. Así, aseguraban nuestros queridos progresos que, en los Estados Unidos, si les nombras España creen que se trata de un país incrustado, más o menos, entre México y Guatemala. Pero uno tragó millas de millas allá por el lejano 97 atravesando el Sur Profundo, siguiendo el rastro de Faulkner y de Barry Guifford para buscar esos maravillosos palurdos de pura basura blanca y comprobar si en verdad tocaban el banjo tan celestiales como al principio de ‘Deliverance’. Y resultó que, en general, sabían que España estaba en Europa. Cuando nos preguntaban qué de dónde veníamos, respondíamos que de ‘Spain’ y, de inmediato, arrojábamos la muletilla de ‘in Europe’ para evitar situaciones incómodas. Entonces nos miraban con cara de «sí, tío, ya sé que España está en Europa, no soy idiota aunque sea sureño». No sé qué me impresionó más de aquel viaje, si descubres que su tontuna geográfica no era tan aguda, acaso igual que la nuestra, o contemplar los trajes de Elvis en Graceland de su época de Las Vegas, diseñados por Bill Belew. Derribado ese mito de geopolítica acelerada, comprobamos, gracias a Susan Sarandon, que la progresión de aquí o de allá se aferra a sus leyendas forjadas con el material de las mentiras estúpidas. Los nuestros se anclan al clásico «un americano es bobo salvo si es rojo» del mismo modo en el que la progre de allá, la Susan, cacarea lo de los pobres presos vascos pudriéndose en lejanísimos penales. Pero encima se equivoca: gracias a Sánchez salen a la calle para recibir homenajes de sangre y mierda en sus villorríos. Si la ignorancia es atrevida, la memez de los progresos no conoce fronteras.